
Dos árboles de espléndida decadencia otoñal: Fresno y Paraíso. Las hojas del primero se encienden de amarillo brillante antes de abandonar las ramas. Las hojas del segundo, una vez caídas, dejan al descubierto los frutos (los famosísimos “venenitos” o “revienta caballos”), que penden de las ramas peladas en forma de racimos duros, también amarillos aunque opacos, de modo que el árbol parece un adornito hecho de alambre y canutillos. El Fresno también se pone lindo en Primavera, cuando las abejas rondan los primeros brotes y los hacen estallar al pararse, vacilantes, sobre ellos (un estallido de nada, claro, para el que hay que estar muy atento); en verano, pobrecito, es un árbol de lo más común, con hojas chicas que pueden describirse así: hoja chica de un árbol de ciudad. Sin embargo, otra cosa a su favor: aunque no lo embellezcan en lo más mínimo, porque cuelgan en racimos áridos y descoloridos, sus frutos secos son como unas lancitas marrones y sirven tanto para arrojarlas a alguien como para arrojarlas al aire y verlas girar como hélices al caer. A través de las estaciones, el esplendor del Paraíso es un tanto más parejo: sus flores violetas y blancas dan olor y sus hojas, más chiquitas que las del fresno, crecen a los lados de unos tallos finitos y largos que, a su vez, también salen a los lados de un tallo finito y largo: el dibujo que hace el contorno de los tallos unidos a las hojas parece el del esqueleto de una hoja más grande, pero de otro árbol. Sus frutos también son arrojadizos y ni que hablar de la efectividad para el daño que se puede lograr si se arrojan con un arma hecha de un rulero de peluquería unido a un globo con la boca cortada: dado con certeza y fuerza, un tiro de dicha arma puede cegar irreparablemente a un contrincante posible. A pesar de todo lo escrito, el árbol de la foto les rompe el culo a las dos especies antes nombradas; baste este comentario: sus hojas se ponen de rojo intenso en Otoño. Sin embargo, no pude averiguar cuál es su nombre exacto: puede ser un Arce falso Plátano, o un Arce Japonicum. En todo caso, se trata de una acerácea, y saber esa filiación (espero que les ocurra lo mismo) ya me tranquliza, al menos, algo.


