
- En el equipo que jugaba antes eran todos un desastre: nadie tenía idea de nada, no corrían, pero todos daban órdenes. Así que decidí dejar el fútbol y les mandé un mail general explicando los motivos. Nadie me contestó. Mi retirada no duró nada: a la semana me propusieron jugar en otro equipo, también los domingos. En éste es todo distinto: son todos pendejos que no paran de correr de un lado a otro durante todo el partido. Ahora el problema es en los vestuarios. Tienen un estado físico impresionante: son todos pijudos. Me duché una vez, pero ya no me ducho más. Termina el partido y digo: “Hasta la próxima, chicos”, y me vuelvo a casa todo chivado. Yo me pregunto: “¿soy el único que la tiene chica?”
- No, la mía es más chica.
- Además, la tienen todos medio al palo todo el tiempo.
- Es la fuerza de la juventud. Seguro que te dan ganas de chuparlas.
- Y..., te digo que no sé.
- Te vas a tener que duchar en calzones. O con malla.
- Sí, un desastre: todos desnudos y yo teniendo que meter la mano en el calzón para restregarme las bolas.
- Y el culo.
- Qué porquería.
- Sí.
- Voy a dejar el fútbol de nuevo. Lo mejor va ser que salga a correr, y listo.
- Sí, va a ser lo mejor. ¿Vamos a comprar otra cerveza?
- Dale, pero al trote.

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