
Desde la adolescencia pienso que hay ropa que hace que quien la lleve parezca un acorazado, como si la ropa lo llenara de fuerza y de liviandad a la vez o como si fuera un hogar en el que pudiera moverse con aplomo y plenitud, llevándose el mundo por delante sin pensar que, en realidad, el mundo puede comérselo entero y crudo, como a cualquiera, sin gastarse ni siquiera en escupir los huesos. Es el uniforme para la vida en general y también el uniforme de batalla con el que uno puede dormir y saltar fuera de la trinchera, indistintamente. Con esa ropa no importa el número de miradas que se echen sobre uno ni el grado de voracidad y malicia o bondad que lleven, porque uno las tritura y, sin necesidad de digerirlas, las olvida o, en caso de desearlo, las conquista. Siempre deberíamos andar con esa ropa, por más poderoso que sea el peso de las convenciones, y todo andaría mejor: no nos importaría hacer el más mínimo comentario acerca de los otros porque estaríamos íntegramente convencidos de nosotros mismos. Cuando saqué la foto no lo podía creer: tenía la impresión de haber cazado al único fan hombre en el mundo de Enrique Iglesias, o, al menos, al único fan de Enrique Iglesias capaz de divulgar su afición de una manera tan contundente. El muchacho caminaba de forma algo desmañada, pero firme, y daba la impresión de ir hacia algún lugar de diversión. Y es muy posible que sus amigos hicieran comentarios tan crueles acerca de su campera como los que hicieron los míos cuando les mostré la foto. La verdad es que no sé en qué momento me di cuenta: ni mis comentarios ni los de nadie le iban a importar nada. Porque él iba acorazado. Y no puedo más que ponerme los joggings para brindar por la salud de su estilo.

1 comentario:
si, es cierto, la mas suave que se me ocurre es que es un pelotudo o simplemente un gay que no salió del armario pero a gritos (como su ídolo) anuncia su vocación, si se animara a decirlo incendiaría inmediatamente su campera. Toda mi vida pensé (una vez más: herencia de mi padre) que el buen vestir solo iba relacionado con las marcas de las prendas y me escondía detrás de ellas como si un cocodrilo de tres centímetros pudiese tapar un metro cuadrado de volumen abdominal y que la gente solo se fijaría en la marca y no en el marcado.
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